La
visión de la problemática ambiental
en el cantón se encuentra matizada por
el concepto "ambientalismo silvestre",
pese a que el cantón las acciones más
urgentes están relacionadas con las características
urbanas propias del cantón.
En
los últimos diez años, la producción
de desechos sólidos pasó de unas
7.000 toneladas a unas 14.000, es decir, se duplicó,
y de acuerdo con una evaluación realizada
por la Fundación Curridabat, apenas un
10% de la población realiza alguna práctica
de reciclaje. La Municipalidad debe invertir ¢220
millones al año para brindar el servicio
de recolección de basura, pese a que el
cobro anual (¢44 millones) apenas rinde para
cubrir una quinta parte de esos costos.
Existen en el cantón cerca de 40 botaderos
clandestinos de basura, la contaminación
de cuencas es práctica común, mientras
que la educación insuficiente de la población
contribuye a incrementar el deterioro del ambiente
cantonal.
Desgaste
de cuencas, proceso de urbanización descontrolado,
horizontal y de baja densidad han deteriorado
el uso del suelo cantonal, colapso de los sistemas
de alcantarillado, desaprovechamiento y abandono
de las áreas verdes (parques o montañuelas),
escasa presencia de árboles nativos forman
parte del panorama ambiental cantonal.
Mientras tanto, el aumento en el tráfico
vehicular (tiene un crecimiento de 6.5% anual,
con unos 32 mil vehículos que circulan
por día) ha generado otra serie de problemas
como son la contaminación del aire, la
contaminación acústica y el aumento
en los accidentes de tránsito, entre otros.
Sin
embargo, Curridabat cuenta con el programa Día
Azul, de la Fundación Día Azul,
que pese a que ha tenido una aplicación
deficiente, ha generado un mayor esquema de participación
ciudadana respecto a la problemática ambiental
y ha sido motivo de admiración en otras
comunidades del país.