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2005
Pura actitud emprendedora
 
Ramón Martínez, propietario del super La Españolita, es una muestra del empuje empresarial cantonal.
 
Mucho se habla de Curridabat en estos tiempos, sobre todo por el extraordinario desarrollo comercial en la zona Este de San José. Nuevas mega tiendas, modernísimos centros comerciales y supermercados, oficinas que se abren campo entre los vecindarios...

Junto con esos cambios, se anunciaba ya desde hace años la desaparición del pequeño comercio detallista. Sin embargo...
 

En el puro centro de Curridabat, diagonal a la iglesia católica, eso sí, se mantiene incólume una muestra del espíritu emprendedor curridabatense. Se trata de La Españolita, que detrás de su mostrador tiene a Ramón Martínez y su familia.

Este moraviano de origen, dejó crecer sus raíces en Curridabat. “En veinte años de estar aquí, no he visto nada. Curri es como un pueblo de esas zonas rurales. Usted viene aquí y qué ve. Nada...” se lamenta, al recalcar las importancia de darle una nueva vitalidad al casco central del cantón.

“Curridabat centro no ha cambiado mucho... se ha estancado. Como lugar es muy bonito para vivir, pero como empresario deseo que haya más movimiento”, comenta Martínez.

 
 
El trato personalizado, el conocimiento de sus clientes, que son sus vecinos, también es otro de los fuertes en el pequeño comercio.  
 

El comerciante
A Martínez se le ve serio, pero solo un poquito. En cuanto puede, se le escapa la maña, la picardía de comerciante, esa que solo crece con el trato diario a decenas de personas, todas, que pasan por su negocio.

Así, entre risas, le muestra el cereal a su clienta, una vecina que llegó acompañada con su nietecillo. Martínez, sin mucho mate, le enumera las ventajas de precio y calidad, comparándolo con los precios que ofrece un supermercado cercano. De paso, le dice al chiquillo: “es buenísimo, ojalá se coma un montón de esos”.

Para Martínez, la clave de la sobrevivencia de estos negocios está en el esfuerzo personal, el apoyo familiar, el trato personalizado a la clientela y el surtido de productos.

“El que se quiere meter en esto tiene que saber que va a trabajar mucho... en este tipo de negocios la ganancia es pequeña, hay que vender mucho y economizar todo lo que se pueda”, comenta.

Empezó hará unos veinte años como ayudante en el negocio de un vecino, don Antonio Merayo, a quien le sigue guardando gratitud.

 
 
El trato personalizado, el conocimiento de sus clientes, que son sus vecinos, también es otro de los fuertes en el pequeño comercio.  
 

El vecino
Martínez no es ajeno para nada a la realidad cantonal y del país. “El comercio ha estado duro”, reconoce.

Insiste en que el casco central debería tener un nuevo impulso, una renovación que permita vitalizar la vida comunal y comercial. Comenta que las autoridades locales se ha preocupado más por los alrededores, donde hay más desarrollo comercial.

Una revitalización de casco central de Curridabat, a su criterio, permitiría tener un ambiente más atractivo, con más seguridad, belleza y eso mejoraría el comercio en el centro.